He trabajado en gastronomía, en turismo, en tecnología y ahora en el sector inmobiliario. Visto desde fuera puede parecer una carrera dispersa. Desde dentro es exactamente lo contrario: es el mismo problema repetido en escenarios distintos.
Un restaurante que no sabe por qué lo eligen, un destino turístico que se promociona igual que su vecino y una inmobiliaria a la que nadie termina de creer comparten el mismo problema de fondo. No es de marketing ni de tecnología: es que no han decidido qué son. Lo que cambia de un sector a otro son las herramientas y el vocabulario.
La pregunta, en cambio, es siempre la misma.
Ahí está la ventaja de haber cruzado sectores: cuando reconoces el mismo patrón en cuatro contextos diferentes, lo identificas antes. Quien lleva veinticinco años dentro de una sola industria la conoce mejor que yo. Pero a veces está demasiado cerca para ver lo que tiene delante.